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En el norte del sur del centro del mundo, no hace frío, ni calor. Se podría decir que se está bien, aunque el clima no es confortable. Dejémoslo, no obstante, como está; por si las moscas.

domingo, 20 de enero de 2008

De Mozart a John Cage

Que hay un camino, aunque pudiera no parecerlo. Pero esta vez no va de música la cosa, sólo, sino de, también, psicología (¿se dice así?)...Y no hace falta ser sicólogo, ni mucho menos músico (o al revés), para poder zambullirnos sin mayor trámite en acalorado debate comparativo sobre este asombroso y eficaz fenómeno que, efectivamente, llamamos "efecto Mozart".

Sí, no pongan esas caras; y que tire la primera piedra quien, habiéndo gestado, criado o parido (el orden no perjudica la solvencia del proceso) recientemente, no se haya sorprendido-a-@ al menos, tarareando una música incomprensible de película. Ni qué decir de quienes tienen hermanos menores o han sido obsequiados estas navidades con un delicioso perrito. Y es que, por lo visto funciona.

Tengo que confesar que a mí, particularmente, me va de fábula; aunque la realidad es que está especialmente indicado para potenciar el desarrollo de niños más pequeños. Ampliamente demostrado, además, dicen.

El caso es que, lógicamente, un descubrimiento tan extraordinario no iba a poder parar ahí; y sucede que los americanos, siempre tan ociosos ellos, ya se han puesto manos a la obra. O mejor dicho, a las obras, ya que no es cuestión de restarle color a la paleta y al final va a resultar algo parecido a la comida. Por especias no será, ya saben, quizá haya que revisar aquella vieja sentencia y afirmar sin miedo que un hombre, es lo que escucha...

Tras cumplir todos los protocolos pertinentes en estos casos, los científicos han llegado a varias conclusiones. Primero:que no todo el monte es Mozart. Pero también que esta supuesta magia, bien podría surgir, más que de la música en sí, del carácter o la propia vitalidad de los "maestros" en cuestión. Pasaremos ahora a referir una selección de los ejemplos más notables:

Efecto Beethoven : el niño padece de ataques de ira repentina,
depresión y se hace el sordo cuando le hablan.

Efecto Paganini : el niño habla muy rápido y con palabras
extravagantes, pero nunca dice nada importante.

Efecto Brahms: el niño habla con una gramática y un vocabulario
maravillosos siempre que sus frases contengan múltiplos de 3 (3,
6, 9 palabras, etc.)... Sin embargo, sus frases de 4 o 8
palabras resultan bobas y poco inspiradas.

Efecto Wagner: el niño se torna megalómano. Es posible que
termine casándose con su hermana.

Efecto Bruckner: el niño habla muy lento, se repite con
frecuencia y adquiere reputación de profundidad.

Efecto Mahler: el niño grita sin parar a todo pulmón
durante varias horas diciendo que se va a morir.

Efecto Schoenberg: el niño nunca repite una palabra antes de
usar todas las otras de su vocabulario. A veces habla al revés
y con el tiempo la gente le deja de prestar atención. El niño opina que
es debido a la incapacidad de la gente para entenderlo.

Efecto Stravinsky : el niño tiene una tendencia pronunciada a
explosiones de temperamento salvaje, estridente y blasfemo que
frecuentemente causan escándalos en el jardín infantil.

Efecto Ives: el niño desarrolla una habilidad fenomenal para
mantener varias conversaciones al mismo tiempo.

Efecto Boulez: el niño balbucea bobadas todo el tiempo.
Después de un tiempo a la gente ya no le parece gracioso, sin
embargo poco importa pues sus amiguitos creen que es un genio.

Efecto Philipp Glass: el niño acostumbra decir lo mismo una y
otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... con
mínimas diferencias que nadie nota.

Efecto Stockhausen: el niño aprecia en cada ataque terrorista
una obra de arte.




Y claro, el Efecto John Cage: el niño no habla nada durante 4 minutos y 33
segundos. Es el niño preferido de 9 de cada 10 profesores.







Y nadie dice nada de papaito Bach, afortunadamente. Y digo yo que será el que se carcajea cada vez que truena.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

genial, aunque echo de menos el " efecto misántropo" . Manolito

Arturo Cándido Valmonte dijo...

Misántropo, una guía estupenda para manipular el ánimo. Saludos desde Mal.

libertad dijo...

jajajaj....buenísimo. Estas cosas que tú nos cuentas, ayy
Un beso!

Churra dijo...

Joooooooooo, yo tengo de todo, pero de todo, hasta el que se caracajea cuando truena ..Es lo que tiene se portadora de una carnet de familia numerosa, efecto que inventan efecto que me toca .
besitos .

De cenizas dijo...

¡Oye! Ahora resulta que en mi clase tengo a todos los genios de la historia de la música y yo sin saberlo.
Yo padezco el síndrome de Haendel (Por su obra "Judas Macabeo")

Una gozada este post, de verdad.

Un abrazo,maestro.

Misántropo dijo...

Je jé, Manolito; ya te voy a dar yo a tí efecto misántropo.

O, mejor, lo dejamos en unos boleritos este sábado.

Misántropo dijo...

Pues no se sabe muy bien, mi "maligno" visitante, las ideas que podrán tener estos americanos; pero si lo restringimos al ámbito de lo doméstico va, insisto, de fábula.

Un saludo.

Misántropo dijo...

No es un cuento, Libertad, sino un informe científico...jajajajajjaa...veo que lo has entendido.

Un beso.

Misántropo dijo...

Jolín Churra ¡qué acaparadora!

Pues el que se carcajea, precisamente, es el más auténtico. Y el que más cura.

Un beso.

Misántropo dijo...

Sí señor, así me gusta: aportando ideas, "Judas de Cenizas".

En realidad, siento desilusionarte, así es como ha nacido este post; que no es original al 100%, ni al 70.

Bromas que circulan entre músicos...y entre profes ¿no?

Algún día comenzaré a contar los chistes de los violas.

Un abrazo.

el nombre... dijo...

Creo que tu reflexión final "Efecto John Cage" es una de mis mayores preocupaciones en los tiempos que corren.
más allá de lo ingenioso y hasta entretenido del post, no me divierte para nada que a los niños, hoy día, cuanto más quietitos, y calladitos mejor para todos (especialemte aquellos que no gestaron, parieron, educaron, criaron...niños, sino que los evacuaron!)
perdón por mi sanguínea posición.

Misántropo dijo...

Nada de perdón, nombre que nombra las cosas por su nombre. No está hecha esta caverna para perdones ni miramientos.

Además, las posturas, mejor sanguíneas.

En cuanto al contenido, nada en lo que discrepar contigo; a menos que pienses que no se debe bromear con lo sagrado.

Recibe muchos besos transoceánicos.