"No es cuestión de compadrear al bailar. El secreto reside en la envoltura de silencio que nos vuelve taciturnos, casi rencorosos."
Juan Carlos Lamadrid
.............al margen del rigor..de ortografías.....cebé mi superficie de un esqueleto...orondo, más allá de la impostura de inventar.......ilegibles melodías.
Por ejemplo:
Anoche por la tarde fue un biombo
que quiso amanecer de mediodía
ensayando los pasitos de tu rombo
...y a falto de...eh,eh.....hallar en mí ese rayo que apacigüe - micontumévocacióna lo..tu exigüo
me sangré en tu impiedad por si averigüo,,.....la Hostia
que en su punto te santigüe.
Y por lo (mientras) tanto:
La otra noche en el quilombo fue un desagüe
atascado, de fluídos y estrellitas.
Un banquete cordial de sibaritas..... ..
al degüello de una bujía exangüe. .
(Y, desde luego, no es un tango). .
Datos personales
- Misántropo
- Al norte del sur., Spain
- En el norte del sur del centro del mundo, no hace frío, ni calor. Se podría decir que se está bien, aunque el clima no es confortable. Dejémoslo, no obstante, como está; por si las moscas.
sábado, 13 de octubre de 2007
martes, 9 de octubre de 2007
domingo, 7 de octubre de 2007
El clima y la mezcla (final Sao Paulo)
La variedad, no sólo de frutas, o de frutos; sino de fisonomías, de caracteres, de maneras de andar, de ritmos. El clima exultante de perpetuo carnaval y la despreocupación de unas gentes que parecen desconocer el significado de la palabra trauma. De ahí parece venir la envidiable grandeza de esta ciudad, en la que el asesinato está a la orden del día, pero el suicidio es una anécdota. Donde la música se huele y se palpa, aunque no se esté oyendo, y el señor Ministro de Cultura es un guitarrista de bossa nova (jazz).
Y así todo. Brillantes moles de cristal inabarcables de una mirada se intercalan a cada paso con casuchas desvencijadas y polvorientas, a una palmada de venirse abajo. A la gente le gusta andar; las calles semejan un hormiguero, mientras los taxis se amontonan en filas de 20 ó 30 y los taxistas pasan el día viendo futbol en una tele portátil, para entretener la falta de afición.
Y si te vas un pasito más allá, con sólo atravesar la puerta de unos jardines, te puedes transportar al Amazonas. Perdiendo cuidado, sin embargo, de embarrar tus zapatillas con desechos blandos; porque para eso se agradece, y así es; no como en Europa.
Y poco más puedo decir se Sao Paulo. En la noche (lástima) no me aventuré. Llevaba mis economías y mis prioridades muy al día, y la Argentina se veía aún muy lejana. Había decidido quedarme en Buenos Aires, solo, después de la gira, por mi cuenta; y no podía permitirme mucho relajo. Y así lo hice. Y me salió muy bien para ser yo. Pero es otra historia.
A quien no puedo dejar de presentaros, antes de dejar de lado Sao Paulo, es a mi definitivo flechazo; que se dejó retratar.
Fue en la zona de las tiendas pijas, tras beberme un litro entero de zumo de yo qué sé qué, que me mantenía a un par de palmos del suelo; multivitamínico, lo llamaban, y se quedaban cortos. Y de golpe la encontré. Parecía ser la encargada, a juzgar por la postura. La tienda era un paraíso de cortinas y edredones y cojines.
Yo, la verdad, no me atreví a molestarla. El caso es que ni entré a la tienda, y la foto sale como sale. Pero, aunque entre reflejos, queda clara su hermosura. Mezcla. Pura mezcla, valga la expresión, entre europea, asiática y brasileña:

Y, bueno...este...marchamos para la Argentina...
Y así todo. Brillantes moles de cristal inabarcables de una mirada se intercalan a cada paso con casuchas desvencijadas y polvorientas, a una palmada de venirse abajo. A la gente le gusta andar; las calles semejan un hormiguero, mientras los taxis se amontonan en filas de 20 ó 30 y los taxistas pasan el día viendo futbol en una tele portátil, para entretener la falta de afición.
Y si te vas un pasito más allá, con sólo atravesar la puerta de unos jardines, te puedes transportar al Amazonas. Perdiendo cuidado, sin embargo, de embarrar tus zapatillas con desechos blandos; porque para eso se agradece, y así es; no como en Europa.Y poco más puedo decir se Sao Paulo. En la noche (lástima) no me aventuré. Llevaba mis economías y mis prioridades muy al día, y la Argentina se veía aún muy lejana. Había decidido quedarme en Buenos Aires, solo, después de la gira, por mi cuenta; y no podía permitirme mucho relajo. Y así lo hice. Y me salió muy bien para ser yo. Pero es otra historia.
A quien no puedo dejar de presentaros, antes de dejar de lado Sao Paulo, es a mi definitivo flechazo; que se dejó retratar.
Fue en la zona de las tiendas pijas, tras beberme un litro entero de zumo de yo qué sé qué, que me mantenía a un par de palmos del suelo; multivitamínico, lo llamaban, y se quedaban cortos. Y de golpe la encontré. Parecía ser la encargada, a juzgar por la postura. La tienda era un paraíso de cortinas y edredones y cojines.
Yo, la verdad, no me atreví a molestarla. El caso es que ni entré a la tienda, y la foto sale como sale. Pero, aunque entre reflejos, queda clara su hermosura. Mezcla. Pura mezcla, valga la expresión, entre europea, asiática y brasileña:

Y, bueno...este...marchamos para la Argentina...
jueves, 4 de octubre de 2007
Amor a primeras vistas...(Sao Paulo II)
Y salí. Vaya si salí; al instante. Aunque primero bajé, a desayunar de nuevo como un tigre.
Hay que decir que nunca antes había visto (aunque sí soñado) tan natural policromía de frutas tropicales para desayunar por la mañana, prontito que se oxidan. Tras lo cual, paso directamente a certificar los beneficios inmediatos que puede obrar sobre un ánimo desfasado (tanto en el perfil horario-geográfico, como en el más íntimo) una buena sobredosis, en ayunas, de mango bien madurito. Las salchichas, las pancetas y los huevos, revueltos, como siempre. Y de café (americano) ya te puedes beber litros.
Ahí ya empezé, como por arte de yo soy yo y mis..., a ver a más de uno de los nuestros. Y elegí al de siempre, claro; otro madrugador ocasional. Y a la calle. De la mano. Para entonces (más o menos las 08:00) tras visita obligatoria y religiosa al señor rouco ¡ayyyyyyyyyyyyy!, el sol campaba como auténtico astro rey y el, tan inconcebible como idiosincrásico, estruendo de los helicópteros había hecho migrar a los buitres; hacia la periferia, supongo. La suerte (nuestros paternales jefes) quiso que el hotel hiciera esquina con la mismísima Avenida Paulista; que es como La Castellana, pero con mucho más cacao. Y la gloria, siempre más palpable en el trópico, nos hizo comprender al instante que, afortunadamente, las muchachitas de a pie se desdeñan por costumbre de utilizar esos aparatosos "utilitarios" voladores para ir a trabajar. Mejor, van...andando...
Al punto vimos claro cual era nuestro destino en las próximas jornadas. Ni sexual, ni turismo. A vouyear como tarados. Y qué decir del flechazo. Al mismísimo San Sebastián me tuve que encomendar, para no caer, atravesado, a cada paso. Pero volvió a pasar de mí mi santo. Y yo me enamoré, os lo juro, a cada paso.
También he de decir, para no faltar del todo al rigor, que fuimos allí a trabajar; y en eso sí triunfamos. Pero es otra historia. Lo cierto es que, cuando nos desocupaba la excusa, algo teníamos que hacer entre el horario de entrada y el de salida de las oficinas, a mediodía ¡BUÁ!... Y la verdad es que también tengo recuerdos muy presentes de un excelente museo de arte contemporáneo; un parque, que era la selva en pleno centro, y una librería en la zona pija, en la que, a falta de ediciones bilingúes (quién lo diría) me compré un libro de poesía en portugués; absolutamente comprensible.
Pero básicamente, me dediqué a ver. Y ví...ví, ví...Viridiana...
Hay que decir que nunca antes había visto (aunque sí soñado) tan natural policromía de frutas tropicales para desayunar por la mañana, prontito que se oxidan. Tras lo cual, paso directamente a certificar los beneficios inmediatos que puede obrar sobre un ánimo desfasado (tanto en el perfil horario-geográfico, como en el más íntimo) una buena sobredosis, en ayunas, de mango bien madurito. Las salchichas, las pancetas y los huevos, revueltos, como siempre. Y de café (americano) ya te puedes beber litros.
Ahí ya empezé, como por arte de yo soy yo y mis..., a ver a más de uno de los nuestros. Y elegí al de siempre, claro; otro madrugador ocasional. Y a la calle. De la mano. Para entonces (más o menos las 08:00) tras visita obligatoria y religiosa al señor rouco ¡ayyyyyyyyyyyyy!, el sol campaba como auténtico astro rey y el, tan inconcebible como idiosincrásico, estruendo de los helicópteros había hecho migrar a los buitres; hacia la periferia, supongo. La suerte (nuestros paternales jefes) quiso que el hotel hiciera esquina con la mismísima Avenida Paulista; que es como La Castellana, pero con mucho más cacao. Y la gloria, siempre más palpable en el trópico, nos hizo comprender al instante que, afortunadamente, las muchachitas de a pie se desdeñan por costumbre de utilizar esos aparatosos "utilitarios" voladores para ir a trabajar. Mejor, van...andando...
Al punto vimos claro cual era nuestro destino en las próximas jornadas. Ni sexual, ni turismo. A vouyear como tarados. Y qué decir del flechazo. Al mismísimo San Sebastián me tuve que encomendar, para no caer, atravesado, a cada paso. Pero volvió a pasar de mí mi santo. Y yo me enamoré, os lo juro, a cada paso.
También he de decir, para no faltar del todo al rigor, que fuimos allí a trabajar; y en eso sí triunfamos. Pero es otra historia. Lo cierto es que, cuando nos desocupaba la excusa, algo teníamos que hacer entre el horario de entrada y el de salida de las oficinas, a mediodía ¡BUÁ!... Y la verdad es que también tengo recuerdos muy presentes de un excelente museo de arte contemporáneo; un parque, que era la selva en pleno centro, y una librería en la zona pija, en la que, a falta de ediciones bilingúes (quién lo diría) me compré un libro de poesía en portugués; absolutamente comprensible.
Pero básicamente, me dediqué a ver. Y ví...ví, ví...Viridiana...
martes, 2 de octubre de 2007
Vaya un Credo por delante. Con Benedetti y sin Mozart.
Es cierto que por ahí pasó. Pero no estaba en Sao Paulo, ni en Santiago ni en Santos ni en Blumenau. No se encontraba en Rosario. Quizá un poco en Buenos Aires. No fue al final a Tigre, ni se acercó a Mar del Plata. Tampoco estuvo en Montevideo. Pero pasó por ahí.
Mario Benedetti
(Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó,
Uruguay, 14 de septiembre del 1920)
Noción de patria
(1962-1963)
Además una cosa:
Yo no tengo ningún inconveniente
En meterme en camisa de once varas...
Nicanor Parra
NOCIÓN DE PATRIA
Cuando resido en este país que no sueña
cuando vivo en esta ciudad sin párpados
donde sin embargo mi mujer me entiende
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres
y llamo a mis amigos de vereda a vereda
y puedo ver los árboles desde mi ventana
olvidados y torpes a las tres de la tarde
siento que algo me cerca y me oprime
como si una sombra espesa y decisiva
descendiera sobre mí y sobre nosotros
para encubrir a ese alguien que siempre afloja
el viejo detonador de la esperanza.
Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas
que se ha vuelto egoísta de puro generosa
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obsena.
Confieso que otras veces me he escapado.
Diré ante todo que me asomé al Arno
que hallé en las librerías de Charing Cross
cierto Byron firmado por el vicario Bull
en una navidad de hace setenta años.
Desfilé entre los borrachos de Bowery
y entre los Brueghel de la Pinacoteca
comprobé cómo puede trastornarse
el equipo sonoro del Chateau de Langeais
explicando medallas e incensarios
cuando en verdad había sólo armaduras.
Sudé en Dakar por solidaridad
vi turbas galopando hasta la Monna Lisa
y huyendo sin mirar a Botticelli
vi curas madrileños abordando a rameras
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas
que preguntaban por el comedor
suecos amontonados en dos metros de sol
y en Copenhague la embajada rusa
y la embajada norteamericana
separadas por un lindo cementerio.
Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve
y el carnaval de Río cubierto por la samba
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros
probé en Santiago el caldillo de congrio
y recibí el Año Nuevo en Times Square
sacándome cornetas del oído.
Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche
y salvando las obvias diferencias
vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses
vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station
y salvando otra vez las diferencias
vi un toro de pacífico abolengo
que no quería matar a su torero.
Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos
con una insolación mediterránea
y me saqué una foto en casa de Jan Neruda
dormí escuchando a Wagner en Florencia
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón
vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall
marcando el jazz con negros zapatones
vi a las mujeres más lindas del planeta
caminando sin mí por la Vía Nazionale.
Miré
admiré
traté de comprender
creo que en buena parte he comprendido
y es estupendo
todo es estupendo
sólo allá lejos puede uno saberlo
y es una linda vacación
es un rapto de imágenes
es un alegre diccionario
es una fácil recorrida
es un alivio.
Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.
Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.
Mario Benedetti
(Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó,
Uruguay, 14 de septiembre del 1920)
Noción de patria
(1962-1963)
Además una cosa:
Yo no tengo ningún inconveniente
En meterme en camisa de once varas...
Nicanor Parra
NOCIÓN DE PATRIA
Cuando resido en este país que no sueña
cuando vivo en esta ciudad sin párpados
donde sin embargo mi mujer me entiende
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres
y llamo a mis amigos de vereda a vereda
y puedo ver los árboles desde mi ventana
olvidados y torpes a las tres de la tarde
siento que algo me cerca y me oprime
como si una sombra espesa y decisiva
descendiera sobre mí y sobre nosotros
para encubrir a ese alguien que siempre afloja
el viejo detonador de la esperanza.
Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas
que se ha vuelto egoísta de puro generosa
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obsena.
Confieso que otras veces me he escapado.
Diré ante todo que me asomé al Arno
que hallé en las librerías de Charing Cross
cierto Byron firmado por el vicario Bull
en una navidad de hace setenta años.
Desfilé entre los borrachos de Bowery
y entre los Brueghel de la Pinacoteca
comprobé cómo puede trastornarse
el equipo sonoro del Chateau de Langeais
explicando medallas e incensarios
cuando en verdad había sólo armaduras.
Sudé en Dakar por solidaridad
vi turbas galopando hasta la Monna Lisa
y huyendo sin mirar a Botticelli
vi curas madrileños abordando a rameras
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas
que preguntaban por el comedor
suecos amontonados en dos metros de sol
y en Copenhague la embajada rusa
y la embajada norteamericana
separadas por un lindo cementerio.
Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve
y el carnaval de Río cubierto por la samba
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros
probé en Santiago el caldillo de congrio
y recibí el Año Nuevo en Times Square
sacándome cornetas del oído.
Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche
y salvando las obvias diferencias
vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses
vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station
y salvando otra vez las diferencias
vi un toro de pacífico abolengo
que no quería matar a su torero.
Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos
con una insolación mediterránea
y me saqué una foto en casa de Jan Neruda
dormí escuchando a Wagner en Florencia
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón
vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall
marcando el jazz con negros zapatones
vi a las mujeres más lindas del planeta
caminando sin mí por la Vía Nazionale.
Miré
admiré
traté de comprender
creo que en buena parte he comprendido
y es estupendo
todo es estupendo
sólo allá lejos puede uno saberlo
y es una linda vacación
es un rapto de imágenes
es un alegre diccionario
es una fácil recorrida
es un alivio.
Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.
Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.
sábado, 29 de septiembre de 2007
Los buitres no pasan hambre
Se diría que uno ha de estar por fuerza avezado, dado su carácter "viajero", en esas sutiles trampas de la percepción y estados de confusión que produce en casi todos los bodys eso que llaman jet-lag; de hecho suelo sufrirlo a menudo, sin necesidad de moverme de la silla de mi ordenador. Pero cuando ambos se juntan no es difícil llegar a la alucinación, o incluso el delirio.
Son las cinco de la tarde...parece que comienza a oscurecer...me asomo a la ventana, debe haber como veinte pisos...vértigo, cierro...efectivamente, son más de las cinco de la tarde...ya casi es de noche, acabo de despertarme, y no sé dónde estoy.
De repente, un ruido ensordecedor procedente de la calle me empuja de un salto hacia el enorme ventanal. No puedo creer lo que veo: un helicóptero se columpia guasón a lo largo de la cristalera...claro...empiezo a recordar...
A las doce de la noche...¿anterior?...despegaba de Barajas el gigantesco airbús que nos conduciría a Sao Paulo; ya llevábamos a la espalda otro vuelo desde Bilbao y una hora y media de autobús desde Donosti; sueño? cansancio? Para nada; más bien bulla y algarabía (la tripulación nos recuerda amablemente que aparte de una orquesta sinfónica, también viajan personas) y ese excitante hormigueo de quien está a punto de sobrevolar millas y millas de océano; en la noche oscura, metido en una especie de tubo de profidén. Claustrofobia...A mi colega el Olaf, siempre le toca sentarse al lado de la más guapa, una morenaza del trópico, sin duda; se le ve muy ilusionado. En cambio, a mí, me ha tocado una especie de Carliños Brown, experto en percusiones y ritmos afros. Muy hablador y firmemente capaz de acabar con las existencias de cerveza de una travesía trasatlántica. Miedo...
...O sea, que estoy en Sao Paulo. El hotel es monumental; tiene de todo, según explica el hollywoodiense libro de bienvenida. Caja de seguridad, ojo...Recuerdo haber desayunado como un tigre a eso de las ocho de la mañana...¿siguiente?...y haberme metido en el sobre, sin más preámbulos, a olvidarme de todo.
¿Y ahora qué? ...Mañana no curramos, se está haciendo de noche y tú estás, solo en tu habitación granhotel de Sao Paulo. Pues nada, a grandes males, los remedios del abuelo: Orfidal al canto, y a seguir olvidando..................Y, claro; estás en el trópico, chaval. Aunque son las seis y media de la madrugada, luce un sol de la puta madre; y de dormir, ya te vale ¡Vamos a ver los avioncitos!...
...Pero no son avioncitos...éstos que se columpian ahora, macabramente, sobre el cielo de la metrópoli son pájaros de rapiña. Mejor me ducho primero. Pero no, siguen ahí, planeando, como en una pelí de vaqueros. De verdad que jamás lo hubiera imaginado en una gran ciudad.
En fin. Yo me voy a la calle. Pero con cuidado. Me da a mí que aquí, los buitres no pasan hambre.
...O estarán bailando bossa, los avispados...
Son las cinco de la tarde...parece que comienza a oscurecer...me asomo a la ventana, debe haber como veinte pisos...vértigo, cierro...efectivamente, son más de las cinco de la tarde...ya casi es de noche, acabo de despertarme, y no sé dónde estoy.
De repente, un ruido ensordecedor procedente de la calle me empuja de un salto hacia el enorme ventanal. No puedo creer lo que veo: un helicóptero se columpia guasón a lo largo de la cristalera...claro...empiezo a recordar...
A las doce de la noche...¿anterior?...despegaba de Barajas el gigantesco airbús que nos conduciría a Sao Paulo; ya llevábamos a la espalda otro vuelo desde Bilbao y una hora y media de autobús desde Donosti; sueño? cansancio? Para nada; más bien bulla y algarabía (la tripulación nos recuerda amablemente que aparte de una orquesta sinfónica, también viajan personas) y ese excitante hormigueo de quien está a punto de sobrevolar millas y millas de océano; en la noche oscura, metido en una especie de tubo de profidén. Claustrofobia...A mi colega el Olaf, siempre le toca sentarse al lado de la más guapa, una morenaza del trópico, sin duda; se le ve muy ilusionado. En cambio, a mí, me ha tocado una especie de Carliños Brown, experto en percusiones y ritmos afros. Muy hablador y firmemente capaz de acabar con las existencias de cerveza de una travesía trasatlántica. Miedo...
...O sea, que estoy en Sao Paulo. El hotel es monumental; tiene de todo, según explica el hollywoodiense libro de bienvenida. Caja de seguridad, ojo...Recuerdo haber desayunado como un tigre a eso de las ocho de la mañana...¿siguiente?...y haberme metido en el sobre, sin más preámbulos, a olvidarme de todo.
¿Y ahora qué? ...Mañana no curramos, se está haciendo de noche y tú estás, solo en tu habitación granhotel de Sao Paulo. Pues nada, a grandes males, los remedios del abuelo: Orfidal al canto, y a seguir olvidando..................Y, claro; estás en el trópico, chaval. Aunque son las seis y media de la madrugada, luce un sol de la puta madre; y de dormir, ya te vale ¡Vamos a ver los avioncitos!...
...Pero no son avioncitos...éstos que se columpian ahora, macabramente, sobre el cielo de la metrópoli son pájaros de rapiña. Mejor me ducho primero. Pero no, siguen ahí, planeando, como en una pelí de vaqueros. De verdad que jamás lo hubiera imaginado en una gran ciudad.
En fin. Yo me voy a la calle. Pero con cuidado. Me da a mí que aquí, los buitres no pasan hambre.
...O estarán bailando bossa, los avispados...
domingo, 23 de septiembre de 2007
Yo no sé si es verdad lo que aquí cuento...
"Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese...¡qué sé yo, viste!..."
recitado por el Polaco.
...pero vengo notando cosas estos días; tres que llevo solo, aquí en Buenos Aires. Quiero decir, cosas que me hacen setir bien, que me apechugan; y me ubican, más que en mi casa, en mi mundo.
De entrada no soy el único, ni mucho menos, que anda con ronquera. Ha sido un invierno duro, dicen; o será que son de caja frágil. Andan, también muchos, tropezando a cada paso con el suelo, dando sonoros traspiés y mirando atras con asombro. No es que el adoquinado de las veredas sea muy estable, pero ellos, como que no se acostumbran, que no quieren. Y lo más emocionante es que andan, por la calle, hablando solos.
Por supuesto, hablo de ellos; porque aquí, efectivamente, dominguean los cronopios.
Ellas, las cronopillas, aunque de la misma masa, son otra cosa. Sólo ronquean cuando cantan; y cantan a mares, como si hablaran. Pero nunca solas. Ni tropiezan. Van a saltitos, efectuando sutiles traspiés calculados, y el adoquinado de las veredas se las ve rudo para acostumbrarse a ellas. Que pasan, y miran, sin decir nada; amohinando ensimismadas, casi todas...las más...muchas, una semisonrisa ilusionada en el borde de los labios.
Desde luego, para eso me he quedado, paso el día por ahí, callejeando. Sorteando, observando, flanqueando. Y hoy es el día en que creo que puedo decir que, de a poquitos, ya aprendí mi primera lección de tango.
Tal vez mañana me anime a instalarme en San Telmo, a practicarlo. De momento, por las noches, sigo viviendo en Corrientes. Más o menos del Obelisco a Callao, y viceversa, según le venga a la luna.
Yo no sé si es posible que exagere. Pero es como si ahora mismo no haya nada como tomarse un chocolate con churros en La Giralda (la risa clara y el chocolate, también) antes de meterse en uno de los múltiples teatros que iluminan ambos lados. Un magnífico teatro. Genial recreación, con acento argentino, de aquel tremendo "clásico" de Miller (Arthur). Sí, aquel al que tan sabiamente dio la vuelta Tim Burton. Y salir a medianoche, emocionado, a la Vía Láctea; donde igual puedes elegir un viejo microsurco de Cortázar recitándose a sí mismo, como rememberar, flipando, aquellas olvidadas ediciones de Losada...
Una inmensa calle llena de luz...y de niños solitarios con gorrita y chandal, espabilados y humildes, correteando como perro sin amo ¡Eh, amigo, no tenés una moneda!...y ancianitos de a dos, que se llevan lentamente de la mano, y miran hacia el cielo para cruzar, en lugar de a los semáforos...y más niños (hoy es sábado), peinaditos y muy bien acompañados ¡Che, qué bárbaro!...y a cada rato una pareja, empotrados el uno en el otro, devorándose la boca como si el mundo estuviera ya por acabar, o comenzar...
Aquí nada resulta vulgar. La más simple y pedestre actividad económica se enaltece de una soberana dignidad; que a uno se le antojaría presumir furiosa, pero que es, en cambio, tierna ¡Tan tierna, viste!...Y esas cafeterías y quioscos que permanecen abiertos las 25 horas (literal) del día...Y a la hora de dormir, que llega cuando llega, un pasadizo oscuro y desierto. Pero sin frío y sin miedo; porque hoy es primavera.
Yo no sé si lo que digo yo es tan de verdad. Quiero decir: ando solo.
Pero así es como lo veo. Y así os lo cuento.
Abrazos a todos, as.
Ah, y de la gira ya hablare a la vuelta. Ahora mismo soy una auténtica esponja.
Chao.
Chau.................
Cantá, pues, Polaco..........................
recitado por el Polaco.
...pero vengo notando cosas estos días; tres que llevo solo, aquí en Buenos Aires. Quiero decir, cosas que me hacen setir bien, que me apechugan; y me ubican, más que en mi casa, en mi mundo.
De entrada no soy el único, ni mucho menos, que anda con ronquera. Ha sido un invierno duro, dicen; o será que son de caja frágil. Andan, también muchos, tropezando a cada paso con el suelo, dando sonoros traspiés y mirando atras con asombro. No es que el adoquinado de las veredas sea muy estable, pero ellos, como que no se acostumbran, que no quieren. Y lo más emocionante es que andan, por la calle, hablando solos.
Por supuesto, hablo de ellos; porque aquí, efectivamente, dominguean los cronopios.
Ellas, las cronopillas, aunque de la misma masa, son otra cosa. Sólo ronquean cuando cantan; y cantan a mares, como si hablaran. Pero nunca solas. Ni tropiezan. Van a saltitos, efectuando sutiles traspiés calculados, y el adoquinado de las veredas se las ve rudo para acostumbrarse a ellas. Que pasan, y miran, sin decir nada; amohinando ensimismadas, casi todas...las más...muchas, una semisonrisa ilusionada en el borde de los labios.
Desde luego, para eso me he quedado, paso el día por ahí, callejeando. Sorteando, observando, flanqueando. Y hoy es el día en que creo que puedo decir que, de a poquitos, ya aprendí mi primera lección de tango.
Tal vez mañana me anime a instalarme en San Telmo, a practicarlo. De momento, por las noches, sigo viviendo en Corrientes. Más o menos del Obelisco a Callao, y viceversa, según le venga a la luna.
Yo no sé si es posible que exagere. Pero es como si ahora mismo no haya nada como tomarse un chocolate con churros en La Giralda (la risa clara y el chocolate, también) antes de meterse en uno de los múltiples teatros que iluminan ambos lados. Un magnífico teatro. Genial recreación, con acento argentino, de aquel tremendo "clásico" de Miller (Arthur). Sí, aquel al que tan sabiamente dio la vuelta Tim Burton. Y salir a medianoche, emocionado, a la Vía Láctea; donde igual puedes elegir un viejo microsurco de Cortázar recitándose a sí mismo, como rememberar, flipando, aquellas olvidadas ediciones de Losada...
Una inmensa calle llena de luz...y de niños solitarios con gorrita y chandal, espabilados y humildes, correteando como perro sin amo ¡Eh, amigo, no tenés una moneda!...y ancianitos de a dos, que se llevan lentamente de la mano, y miran hacia el cielo para cruzar, en lugar de a los semáforos...y más niños (hoy es sábado), peinaditos y muy bien acompañados ¡Che, qué bárbaro!...y a cada rato una pareja, empotrados el uno en el otro, devorándose la boca como si el mundo estuviera ya por acabar, o comenzar...
Aquí nada resulta vulgar. La más simple y pedestre actividad económica se enaltece de una soberana dignidad; que a uno se le antojaría presumir furiosa, pero que es, en cambio, tierna ¡Tan tierna, viste!...Y esas cafeterías y quioscos que permanecen abiertos las 25 horas (literal) del día...Y a la hora de dormir, que llega cuando llega, un pasadizo oscuro y desierto. Pero sin frío y sin miedo; porque hoy es primavera.
Yo no sé si lo que digo yo es tan de verdad. Quiero decir: ando solo.
Pero así es como lo veo. Y así os lo cuento.
Abrazos a todos, as.
Ah, y de la gira ya hablare a la vuelta. Ahora mismo soy una auténtica esponja.
Chao.
Chau.................
Cantá, pues, Polaco..........................
jueves, 6 de septiembre de 2007
A Brasil, sí.

Parto ahora mismo. Pero en gira de trabajo y por ciudades con diferentes niveles de siniestralidad. Ya me veo por Sao Paulo, más de cien tíos (y tías) en fila india, ataditos con una cuerda para no perdernos demasiado. Bueno, exagero. Pero os aseguro que no será todo samba.
Luego pasaremos a Argentina, pero para entonces seguro que ya he dejado algo por aquí.
Me voy voooolaaaaaaaaannnndddooooooooooooo............
Cuidadme las plantitas.
martes, 4 de septiembre de 2007
No puedo...dejar de hacerlo.

Es preciso que no deje de poner cierto algo aquí; después de lo de antes.
No es que haga falta, pero es (ya digo) preciso.
Es del mismo Wolfi, pero cuando se ponía realmente impertinente de verdad. Dios lo tenga en su memoria.
Más le vale. Adiós.
Música..........................................................
domingo, 2 de septiembre de 2007
Wolfgang Amadeus Mastropiero...

...que parece que suene algo menos clásico (mira tú), y quizá más rimbombante; pero, desde luego, no se trata de un error de cálculo.
Cierto es, diría yo, que Papá (papito Bach) no tuvo intención jamás de tomarse a cuchufleta tan tamaño asunto como tenía entre dedos; mientras quince o veinte niños hambrientos se colgaban de sus hombros y le hacían más estable el temperamento de su "Clave bien temperado". Así de ciego acabó el muy Sandiós; sin necesidad de buscar tiempo perdido que dedicarle a su Ana Magdalena, milenios antes de Proust.
Sin embargo, no creo que sea Wolfi quien se rasgue las vestiduras si, por un casual, lee este post. Ni tampoco "Les Luthiers". Es un poner.
Viene al caso, en cualquier caso, porque se me ocurre a mí ahora mismo que no se les debe haber pasado a estos "compositores" el legado que le deben a su "hermano"...Y viceversa...
Dicho lo cual...................aprovecho para dejaros una prueba musical de mi argumento; y afirmar la constante de que no sólo no he vuelto, sino que estoy que me piro de nuevo. Mi verano desemboca en primavera este año (no sin ciertas aduanas), y a este paso, no se me ocurre otra cosa, para rogaros que me esperéis, que una estúpida sonrisa de buen humor, y esperanza.
En cuanto a Wolfi, lo dicho. Vosotros mismos.
Y mismas.
Como siempre, espero sobrevivir.
Abrazos de corazón.
(El archivo musical no entra hoy. Mal empezamos...)
Ahora parece que va...
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